El próximo sábado, 12 de noviembre, a las 20:30 horas, en La Violeta de Sepúlveda, tendrá lugar la presentación del libro "El Hospital de Sepúlveda y la Cofradía de la Cruz" de Antonio Linage Conde.

José Antonio Linage Conde en su producción de polígrafo destaca su obra en siete volúmenes “San Benito y los benedictinos”, la única historia universal de todas las ramas de esa familia religiosa. Entre sus aportaciones a la historia local está su libro “Las Cofradías de Sepúlveda, el cual se ocupó de las subsistentes. A la materia vuelve ahora con esta historia de una de las desaparecidas, la de la Cruz, y preferentemente del hospital que ella tuvo a su cargo, siendo de finales del siglo XVI las noticias más antiguas de ambas entidades, cuyo pasado el autor reconstruye a través de las fuentes archivísticas.
Desde la conjunción del sentimiento religioso y el deseo de reforzar los lazos sociales determinantes de la confraternidad, trata de llegar a todos los aspectos de la asistencia hospitalaria en el antiguo régimen, incluida la última hora. Siendo el hospital sepulvedano para los forasteros, es un exponente de la acogida del lugar a éstos. Suprimida la cofradía en el siglo XIX, el hospital se municipalizó, pasando a ser un fenómeno residual. Se alude al hospital de sangre que hubo en la villa durante la guerra civil.
En este libro se encuentra, entre otros datos gastronómicos, la primera mención del cordero asado en Sepúlveda.

El autor ha querido rendir homenaje en esta evocación a los médicos de Sepúlveda de todos los tiempos, ejemplificados en uno de ellos, Tiburcio Alonso Ortega, y a los demás que pasaron por su vida.
El argumento de este libro es la historia del único hospital que hubo en Sepúlveda en los cuatro últimos siglos, solos de los que quedan noticias. Era para los forasteros, pero inevitablemente acogió también a algunos naturales. De los hospitales anteriores no sabemos nada.
Una asociación natural de mis vivencias me lleva a esta dedicatoria. Los tiempos y la medicina habían cambiado mucho desde el pasado de este hospital hasta el ejercicio médico de Tiburcio. Pero también en aquellas centurias, en el hospital había enfermos y en la villa médicos. Lo cual, más allá de la cronología, lleva consigo una identidad esencial entre ellas y los años en que yo fui paciente del doctor Alonso.
Antonio Linage Conde

