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El capitán de la milicia segoviana

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Nacido en Sepúlveda, Barral se impregnó en París de las vanguardias artísticas y predicó la revolución.

«Escultor de grandes facultades, preocupado por el estudio de los problemas técnicos y formales y comprometido con el movimiento de renovación de la escultura española contemporánea»; así define a Emiliano Barral el profesor Juan Manuel Santamaría, autor de un libro pionero que en 1986 recuperó la trayectoria del escultor segoviano.

Nacido en Sepúlveda en 1896 y afín a las ideas anarquistas en su adolescencia, predicó la revolución en varias provincias españolas y en París, donde trabajó como cantero. En la capital francesa se impregnó de las vanguardias artísticas. Su carrera como escultor la comenzó en Madrid, con 21 años, donde conoció al granadino José Cristóbal. Luego se integró en el amplio grupo intelectual de Segovia y en 1923 ganó el concurso convocado por la asociación Amigos de Rubén Darío para erigir un monumento al poeta. Al año siguiente fue admitido en la Exposición Nacional de Bellas Artes, a la que envió una cabeza de Pablo Iglesias y el busto 'El arquitecto del Acueducto', inspirado en el rostro de Blas Zambrano; además, consiguió una pensión para viajar a Italia, donde estudió escultura clásica.

Abrió estudio en Madrid, participó en la Exposición Internacional de Barcelona y en la Iberoamericana de Sevilla. Militante del Partido Socialista, su trabajo durante la Segunda República fue ingente. Entre sus obras más célebres destaca el busto de Pablo Iglesias que figura en el Mausoleo inaugurado en el Cementerio civil de Madrid el 6 de abril de 1930. El estallido de la guerra le sorprendió en Madrid: ingresó en el ejército con el grado de capitán de las milicias segovianas, que él mismo fundó junto al folclorista Agapito Marazuela y Antonio Linage Revilla en el Centro Segoviano de la capital española. Barral murió en plena guerra, cerca de Usera, cuando acompañaba a un grupo de periodistas extranjeros en un coche: lo alcanzó la metralla de un obús el 21 de noviembre de 1936.

“Cayó Emiliano Barral, capitán de las milicias de Segovia, a las puertas de Madrid, defendiendo su patria contra un ejército de traidores, de mercenarios y de extranjeros. Era tan gran escultor, que hasta su muerte nos dejó esculpida en un gesto inmortal. Y aunque su vida murió, nos dejó harto consuelo su memoria”, escribió Antonio Machado.

Fuente de la noticia: El Norte de Castilla, 4 de diciembre de 2016