El teatro de lo sagrado

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Guillermo Herrero escribe sobre San Frutos, el eremita, el patrón, el santo, y sobre el escenario en donde vivió. Se atreve con arriesgadas hipótesis y utiliza siempre un tono didáctico y atractivo

Es Guillermo Herrero un personaje peculiar. En otra persona, quizá debiera explicar el significado de ambos términos. Me parece que no en el caso de Guillermo. Muy querido en esta casa, en donde ejerció el buen periodismo, ahora dedica su ocupación en escribir y en editar, y en regentar esa institución segoviana que es la Librería Cervantes. Va por la docena de libros, que recuerde. Bien escritos. Bien editados. Huye de la tesis doctoral, de la monografía intensiva y agotadora, y se inmiscuye en obras con distintas voces —muy rica la aportación del maestro Antonio Linage en este caso—, más pensando en el lector que en el ego —legítimo, por otra parte— de la autoría. Son libros que instruyen mientras deleitan, que muestran las maravillas de una provincia a la que Herrero ama. Y su amor se trasluce en un amplio conocimiento que tiene la generosidad de compartir con los demás: con literatura y con fantásticas ilustraciones. Este, que presentó ayer, ‘San Frutos en el barranco sagrado del Duratón’, es buen ejemplo de ello.

A quien le haya pillado la caída de la aurora en los lugares que encierran las Hoces del Duratón nunca los volverá a despojar de su recuerdo. Es un territorio de innegable carga telúrica, y en donde la historia se ha encargado de aquilatar su carácter mágico, sagrado, carismático. La manifestación de lo sagrado en suelo profano tiene en castellano un término ajustadísimo: hierofanía. No encuentro mejor manera de definir el Solapo del Águila, San Julián, San Vicente, la Cueva de los Siete Altares. Y por supuesto San Frutos. Las fotos y lo ameno de la edición no solapan el documentadísimo estudio que el autor realiza sobre el lugar y sobre el santo; sobre quien es el patrón de la diócesis y sobre la larga presencia de los monjes benedictinos en el priorato.

Herrero edita en una ciudad en la que vieron a la luz libros como ‘El secreto del Acueducto’, de Ramón Gómez de la Serna, o ‘Marinero en Tierra’, de Rafael Alberti. Y, lo he dicho, regenta la misma librería en la que Antonio Machado curioseaba cada mañana las novedades editoriales antes de llegar al Azoguejo y encarar la cuesta del Angelete, que le mataba. Todo ello marca.

En Sepúlveda se puede reservar el libro en la Librería Confloenta:

Dirección: Plaza España, 3, 40300 Sepúlveda
Teléfono: 680 75 78 83 (Augusto Conte)