La historiadora María Antonia Antoranz publica un libro sobre indumentaria tradicional femenina en Sepúlveda.

Sabedora de la frágil existencia de la indumentaria tradicional, un patrimonio en permanente peligro de desaparición, María Antonia Antoranz Onrubia se embarcó hace un par de años en un nuevo proyecto, la creación de un archivo fotográfico sobre el vestido femenino en Sepúlveda, la tierra de sus raíces. La colaboración del vecindario, abriendo a la historiadora los viejos baúles donde se conservaban enaguas y mantones de Manila, mantillas de casco y mandiles, fue engrosando el trabajo, ahora recogido en el libro “En el arca. En torno al vestido tradicional de mujer en Sepúlveda”, editado por Emiliano Alonso Ortiz, de la empresa constructora “San Gregorio”.
En lo referente al traje tradicional, Sepúlveda es lugar especial. “Siempre ha tenido una fuerte vinculación con Madrid, más que con Segovia”, defiende Antoranz. La frecuente llegada desde la capital de España de jueces, notarios, médicos, maestros y otros funcionarios del Estado propició una temprana influencia de la moda “burguesa”. En testamentos estudiados por Antoranz, en torno a 1860, se citan, de forma reiterada, los manteos y jubones. Ambas prendas prácticamente desaparecen de los testamentos de Sepúlveda de finales del siglo XIX. “Posiblemente —sostiene la historiadora— el traje tradicional sepulvedano desapareció hacia 1910, empujado por la moda y la facilidad de comprar tejidos más cómodos y baratos”. Luego, la compleja labor de conservación de esas prendas y los repartos derivados de las herencias ayudaron a la progresiva disminución de esa indumentaria.
Sobre el traje de Sepúlveda, Antoranz advierte, de inicio, un hecho: “Aquí nunca ha existido montera”. Pero eso no ocurre únicamente en Sepúlveda. Tampoco pasa en aquellos pueblos donde vestir con el traje típico se llama “ir de serrana”, como en la comarca de Riaza. La historiadora defiende la existencia de otras pequeñas diferencias entre el traje segoviano y el de Sepúlveda. En la villa, las tiranas de los manteos son doradas, y los jubones se ciñen a la cintura sin aletas.
Para esta investigadora, el traje de segoviano ha sufrido un proceso de ‘reduccionismo’, motivado por la desaparición de numerosas prendas y la uniformización por provincias impulsada desde la Sección Femenina, creando unos estereotipos, cuanto menos, “poco rigurosos”. “Es difícil pensar que las mujeres de un pueblo de la provincia de Burgos, Ávila o Soria situado en el límite con Segovia lucieran una ropa muy diferente al de sus vecinas segovianas solo por el hecho de estar al otro lado de la raya”, subraya Antoranz.
En el libro, la autora aborda también la indumentaria tradicional sepulvedana en los pintores y fotógrafos de los primeros años del siglo XX. Antoranz sostiene que los artistas intentaron sus obras plasmar “lo más llamativo de Sepúlveda”, aunque ello no coincidiera con el traje más común en aquella época. A ese respecto, resalta que las conocidísimas fotos de Ortiz Echagüe no reflejan la realidad. El propio fotógrafo reconoció que tipos como aquellos que captó en sus imágenes de 1917 apenas quedaban ya en la villa. Antoranz ha dedicado también un capítulo de su obra a la fiesta de la exaltación del traje regional que EL ADELANTADO DE SEGOVIA organizó en la villa, en noviembre de 1927, y que finalmente no pudo llevarse a cabo, aunque ello no impidió la publicación de diversos artículos, a cargo de las mejores plumas de la época, sobre la indumentaria popular.
Complementan el libro un artículo de la historiadora Ana Herrero Sanz sobre un exvoto conservado en el Museo de los Fueros, en lo que es la primera representación pictórica de una mujer sepulvedana (1636), y otro texto de Estrella Martín Francisco sobre las seguidillas, el baile de Sepúlveda por excelencia.
El trabajo ha sido prologado por la consejera de Cultura, Alicia García Rodríguez, quien además de alabar la rigurosa catalogación llevada a cabo por Antoranz, anuncia la intención de la Junta de elaborar un ‘Atlas del patrimonio etnográfico e inmaterial’ de la comunidad autónoma, teniendo en cuenta aportaciones como las de este libro de indumentaria tradicional.
Fuente de la noticia: El Adelantado de Segovia, 11 de diciembre de 2013

