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«La amortización de plazas está en marcha desde hace años»

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El presidente del Colegio de Médicos y de Cesm en Segovia, Enrique Guilabert, critica la falta de sustituciones de las bajas por jubilación. En Sepúlveda, por ejemplo, había catorce trabajadores y ahora son nueve después de jubilaciones, bajas por defunciones y desplazamientos a la capital.

El presidente del Colegio Oficial de Médicos de Segovia deja bien claro el malestar que ha sembrado la orden propuesta por la Consejería de Sanidad sobre la reestructuración de la Atención Primaria. La planificación ha soliviantado aún más al personal. Enrique Guilabert, quien también es responsable provincial (por el momento y hasta que encuentre sustituto) del sindicato profesional Cesm, matiza que la última propuesta de la Junta, analizada en la mesa sectorial de hace ocho días, fue un paso atrás con respecto a los planes iniciales que barajaba la Administración, pero sigue sin convencer porque «la amortización de plazas lleva en marcha desde hace años». En concreto, «desde que entró el decreto de jubilaciones y los médicos que cumplen los 65 años se van a la calle y no se tira de interinos: eso es amortizar».

Pese al resquemor que exhibe el presidente colegial contra la medida, la Consejería «no va a poder llevar a cabo por el momento» la denominada segunda fase de la reestructuración del primer nivel asistencial. Al menos, no lo ha hecho ni lo ha plasmado sobre el papel tal y como había sido concebido en un principio, expone Enrique Guilabert. Aunque ya se han suprimido plazas, «la oposición de Cesm y de otros sindicatos ha servido para parar los pies» de una reordenación que hace tan solo unas semanas esbozaba la pérdida en toda la región de 180 plazas consideradas amortizables. «Parecía un ERE», critica el responsable colegial y de Cesm en la provincia segoviana.

La redistribución es necesaria

Guilabert parte de que la reordenación es necesaria, pero no en los términos ideados por la Consejería de Sanidad. Argumenta que «desde hace mucho tiempo no hay redistribuciones de las cargas asistenciales». A eso añade que «se han producido desigualdades importantes en los cupos de pacientes porque ha habido movimientos de población, emigraciones, defunciones y la dispersión cada vez es mayor». Hay médicos con un centenar de tarjetas asignadas y otros que superan el millar. Este desequilibrio redunda en la calidad asistencial. Guilabert no niega la mayor, ya que «el que trabaja con pocas tarjetas sufre un deterioro en su capacitación como profesional». Y lo mismo ocurre con los médicos que más carga soportan y que han de atender a sesenta y hasta setenta pacientes al día, advierte. «Existe una mala distribución», se ratifica el presidente del Colegio.

Recuerda que hace más de un año, en una mesa sectorial ya se atisbó la posibilidad de una reestructuración. Uno de los apartados del documento a estudio contemplaba el traslado de médicos rurales a las zonas urbanas más saturadas. El contingente a movilizar era de unos 67 facultativos en toda la región. Aquella propuesta era «lógica e incluso poco atrevida», la califica Guilabert. Entonces ya se incorporaba el traslado de un médico de Cantalejo y otro de Sacramenia a los centros de salud de la capital de Santo Tomás y de La Albuera.

«El colmo del desastre»

Lo que encendió el rechazo del colectivo médico fue la segunda propuesta lanzada por Sanidad de amortizar 180 plazas en toda la red sanitaria pública de la comunidad, relata el presidente del Colegio y de Cesm en Segovia. «Estamos a favor de una redistribución, pero rechazamos todo lo que sea quitar», concluye. Ese proceso de reordenación que ahora ha levantado la polvareda ya se viene haciendo, insiste Enrique Guilabert. En Sepúlveda, por ejemplo, había catorce trabajadores y ahora son nueve después de jubilaciones, bajas por defunciones y desplazamientos a la capital.

«La preocupación más grave es que a los médicos les han quitado el 30% de sus retribuciones, han visto aumentada su jornada laboral en dos horas y media y lo que colma el vaso del desastre es que tienen que acumular los cupos del compañero que está de vacaciones o de descanso porque no hay sustituciones», critica el responsable colegial. Lo peor de esa acumulación es que «se pierde la continuidad asistencial, se pierde el seguimiento de los procesos, porque antes con el sustituto había una coordinación perfecta». «Los compañeros trabajan con una presión que puede llevarte a cometer un error», advierte.

En cuanto a los efectos de los planes de la Junta, Guilabert vaticina que «puede ser el caos para la sanidad rural».

Fuente de la noticia: El Norte de Castilla, 12 de Febrero de 2014