Cortaron una oreja Angelino de Arriaga y el segoviano Victor Barrio, y Juan Manuel Jiménez se marchó sin trofeos.
JUAN MANUEL JIMENEZ Decepcionante al igual que en Sepúlveda el pasado 27. Apenas esbozo de capa y sin aportar cosas de interés, como ausente, sin sitio, sin gracia y sin torero al menos de discreta componenda. Mantazos y desvaído el de Pinto pasó sin pena ni gloria por esta plaza. Fue silenciada su labor. Y apuntar por ser de justicia los magníficos lances ajustados a cánones con dos excelentes medias al segundo de su lote. El novillo se rompe el pitón derecho por la cepa y el torero se aprovecha para aplicar un trasteo breve y entrar a matar sin más. Silencio de nuevo.
VICTOR BARRIO No fue su mejor tarde. Dos buenos lances y quite por delantales, todo con sello personal. Compostura y valores toreros de reconocida solvencia. Suaves muletazos por el pitó derecho. Una serie tuvo calidad innata y mereció los mejores elogios. Reposado, firme y decidido sacó cuestiones valiosas para contribuir al éxito que no llegó por el fallo a espadas donde estuvo realmente mal. Larga cambiada de hinojos, lances suaves y revolera. Resplandor en el ruedo. Pase cambiado y toreo en redondo con calidad y estética. Novillo mirón al que había que vigilar atentamente. Con su personal técnica y corte torero, muletazos de valor añadido y composición de meritoria faena que fue bajando enteros a medida que el novillo iba deteriorando su embestida, fea y de corto viaje. Cortó una oreja.
ANGELINO DE ARRIAGA El mexicano anda fácil ante la cara del novillo y tiene desparpajo y cierta calidad torera. Al novillo rebrincado que se defendía feamente le intentó torear en redondo con fe y entrega, pero no logra acoplarse pese a la voluntad. Pésimo animal, el peor del encierro.
Se sacó la espina con el quinto de la tarde saludando al antagonista con lentos lances marcados con rigor y estética. Sonaron muy fuertes los olés. Estilo personal y pases por bajo, uno por alto y bonita trinchera. Toreo en redondo que se sucede con cadencia y ritmo. Parsimonia y voluntad con fases de toreo exquisito, máxime cuando descalzo intrumentó unos naturales de buen son cuajando tandas que se jalean. Ganas, voluntad y faena merecedora de una oreja.

