Cortó dos orejas y salió a hombros en la quinta de la Feria del Arroz de Calasparra.
La novillada de Escolar tuvo su punto de picante. Quizás demasiado para alguno de los novilleros. Digno estuvo Antonio Rosales con el primero de la tarde, un novillo cárdeno de capa y bonito de hechuras que no tuvo emoción en sus embestidas. Brindó a El Fundi, y con paciencia consiguió sacar al final de faena dos decentes tandas a un astado que se quedaba en los tobillos.
Altote y feo fue el cuarto, novillo que recibió dos puyazos. El de Escolar salía de los muletazos con la cara por las nubes, pidiendo novillero con más oficio y menos dudas. Se vio cogido en más de una ocasión Rosales, que no llegó a estar cómodo. Abrevió.
Marcada tendencia a toriles evidenció el segundo de la tarde. Lo recibió Esaú Fernández de larga cambiada. Tras el puyazo se emplazó el astado en la querencia: El sevillano con cabeza y conocimiento de los terrenos cambió al novillo de tercio, y en el opuesto a chiqueros sacó una meritoria tanda de naturales. Con la diestra se vio apretado y al final el burel se fue a morir a la puerta de toriles. Hasta allí fue Esaú a recibir al quinto, replicando a Víctor Barrio con un farol de rodillas. Lo brindó el sevillano a Fundi, Rafaelillo y Romero, matadores experimentados a los que este novillo les hubiera exigido un esfuerzo. Quiso coger siempre el albaserrada, derivando en alimaña, pidiendo el toreo por abajo a lo que no alcanzó la inexperiencia de Esaú, que incluso se vio cogido sin consecuencias.
Víctor Barrio vino con hambre de triunfo. Lo dejo claro al irse a portagayola en su primero y firmar un recibo capotero que levantó al público de sus asientos, rematando las verónicas con una serpentina y recibiendo una tremenda voltereta de la que se levantó sin mirarse para recetar unas chicuelitas. Comenzó su faena en los medios, con un pase cambiado milimétrico, y el trasteo tuvo buen pulso para hacerse con la rebrincada embestida de un Escolar que se movió. La espada cayó en mal sitio y el premio quedó en una justa oreja.
Se empleó con raza el sexto en un buen puyazo. Aguantó Barrio una colada en los muletazos de tanteo y pronto se echó la muleta a la izquierda, con disposición, buscando la puerta grande. Pidió música, la banda tardó en tocar y la faena fue larga, con altibajos pero sin volverle nunca la cara al de Escolar, con valor más que suficiente. Mató bien y las ansías de triunfo le valieron la oreja.
Fuente de la noticia: La Verdad de Murcia, 8 de Septiembre de 2010

