Viernes, 14 Agosto 2026

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Montse Cristóbal Gutiérrez, danzar con una sonrisa

Artículo de Estrella Martín Francisco para la sección "Personas que cuentan".

Maestra especializada en música, ha pasado prácticamente toda su vida en Sepúlveda. En los pueblos de alrededor ha impartido diversos talleres para niños y adultos. En su localidad, ha llevado un bar de copas, trabajado en la guardería y lleva muchos años dirigiendo el grupo de Danzas Tradicionales y actualmente el de majorettes, siempre sin perder la sonrisa.

Quedamos en la Casa Cuna que es el local municipal que le da mucha vida a Sepúlveda: aquí ensaya la Agrupación Musical, el grupo de Danzas y se imparten otras actividades. Montse acude con Rodrigo, su niño de 10 meses y que está atento a lo que habla su madre, que nos habla sobre su experiencia maternal. “El embarazo fenomenal, estuve bailando hasta el último momento y Rodrigo es muy bueno y nos lo está poniendo muy fácil. Este año tengo la suerte de que estoy trabajando poco, y, al vivir en Sepúlveda, siempre tienes gente que se puede quedar con él”. Porque aquí está su familia, sus amigos y sus raíces. Solo salió para estudiar: primero en Cantalejo y luego en Segovia.

¿Por qué eliges la especialidad de música?¿Lo da el pueblo que todos queráis tocar algo?

Al final, si tú ves a músicos, como a Kiki y estos, tocando, al final te llama la atención y lo haces. Llevo con el clarinete desde los 10 años que empecé en la Agrupación Musical con mi hermana. Luego toqué el saxo con la charanga. Estuve unos años que no podía tocar porque no podía venir a ensayar. Lo he retomado, pero necesita mucha dedicación. A ver si poco a poco se va animando la gente a tocar porque si no, no se puede mantener escuela y pagar profesores para cada cosa: bajos, metales, percusión…

¿No te apetecía quedarte en Segovia?

Segovia me gustaba como ciudad, pero David tenía aquí su trabajo y aquí estoy divinamente, no tengo ninguna queja. Me gusta Sepúlveda: mis padres viven aquí, mi hermana, mis abuelos… Cuando decidimos si comprábamos la casa para construir, dijimos que ya tenía que ser aquí.

¿No hiciste nada relacionado con tu carrera en Sepúlveda?

Los primeros años hacía talleres (ahora he vuelto con ellos) para niños por los pueblos: de teatro, expresión corporal y varias cosas. Casi todo lo que hacía eran juegos, claro. Los últimos años he hecho talleres para adultos, el año pasado de aplicaciones del móvil y relajación; este, de competencias sociales y móviles. He estado trabajando en la Guardería Municipal, donde hay 12 niños de 0 a 3 años. Un año tuve suerte e hice una baja en el cole de Riaza. Laboralmente también estuve en el bar de copas el Dentrófago 8 años.

¿Cómo te metes en ese embolado?

Porque iba de extra casi todos los fines de semana a echar una mano. Así que, cuando lo dejaron David y Abel y me lo ofrecieron, dije que sí. Abríamos por la tarde hasta las 5,30 en verano y hasta las 4,30 en invierno. Ahora a las 11 estoy que me caigo.

Siempre le ha gustado el trato con la gente y llevaba bastante bien la noche. El abrir solo los fines de semana le permitía compaginarlo con la guardería, hacer los talleres, llevar el Grupo de Danzas de Sepúlveda y las clases que lleva un par de años impartiendo a adultos.

¿Cuándo empiezas a bailar?

Empecé a bailar con 10 años cuando se hizo el grupo en 1995, al año siguiente hicimos la Asociación, bueno se hicieron cargo los padres. Venían dos profes Cata y su hija, para los pequeños, pero lo dejó y empezamos a darles clase David y yo. Luego Cata dejó el grupo de mayores, y me quedé yo, una temporada estuvo Leticia conmigo.

¿Cuánta gente hay en el grupo y cómo lo organizas?

Tenemos unos 20 socios mayores y los menores que son los que bailan y están en tres grupos: infantil, primaria y secundaria. Ensayamos una hora a la semana. Este año me he tenido que acoplar a las actividades que había en el local. El viernes tengo clases con un grupo de adultos. Se animaron el año pasado y estoy súper contenta porque además se lo pasan muy bien, lo disfrutan, vienen a aprender, a bailar, pero también a desconectar. Con los pequeñitos hago muchos juegos, percusión y expresión corporal porque no puedo tenerlos bailando una hora entera. A los de primaria les meto más caña porque aprenden súper rápido, lo absorben todo, Con las adolescentes a veces tenemos que ensayar cuando podemos porque tienen que estudiar y eso es lo primero. Intentamos ensayar los fines de semana para que pueda venir la gente que está fuera.

¿Qué estáis preparando ahora?

Lo de las fiestas y queremos hacer una actuación el 20 martes por la noche en la plaza, pero no sabemos si va a salir gente porque las que antes estaban disponibles todo el verano ahora trabajan, menos mal que siempre hay jóvenes.

¿Qué repertorio tenéis y dónde actuáis?

Los bailes que nos enseñó Cata. De aquí bailamos las seguidillas, la jota de aquí que hemos hecho nosotros la coreografía y tenemos que montar el corrido. Nos llaman para actuar de toda la provincia aunque este año hemos hecho pocas por no tener disponibilidad. Pero seguras tenemos una actuación en Siguero y siempre actuamos en Sepúlveda en San Miguel.

¿Qué aporta el baile tradicional a una persona joven y a una mayor?

El vínculo que se crea en distintas generaciones es interesante. Se relaciona gente de 40, 20 y 15 que si no, no se tomarían algo juntos. Para mí es desconectar, haces ejercicio de cardio que es muy bueno. Es un sentimiento, te centras, te desinhibes, te da alegría y sueltas endorfinas.

Se dice que un pueblo que baila no muere. Montse está poniendo todas sus ganas y optimismo para que Sepúlveda siga en danza. El mes pasado, como cada año, preparó danzas medievales para la Fiesta de los Fueros, actividad que organiza el Grupo de Danzas y abierta a todos los públicos. Este año solo se apuntaron niños pequeños y crearon una coreografía sencilla, pero está muy contenta porque salió muy bien, a pesar de los pocos ensayos.

Cuando cae la tarde, podemos verla ensayando con las majorettes que saldrán en Fiestas. Un grupo que se mantiene gracias a las generaciones que han pasado por él, como la propia Montse. Si el año pasado salieron 51 personas es porque las chicas de 18 y 19 años, que ya lo han dejado, bajan a enseñar a las pequeñas. Antes y después del ensayo, las calles se llenas de varitas en manos diestras y, en la cara de Montse, no se borra esa sonrisa alegre reflejo de unos pies inquietos que bailan.

Estrella Martín Francisco