Artículo de Estrella Martín Francisco para la sección "Personas que cuentan".
Lo suyo es un trabajo vocacional. No es fácil ser director de dos residencias, coordinar dos equipos y estar siempre disponible, pero él lo hace con buen talante y la satisfacción de hacer todo lo que sabe y puede. Dice recibir más de lo que da, aunque las residencias ayudan a mantener población y generan empleo en la zona.
Nacido en Torreadrada, a los once años va a estudiar al seminario de Segovia. Sus vacaciones las dedica a ayudar a sus padres agricultores. “¡Qué años cuando no había medios! Además, ha hecho otros trabajos en verano: recolección y entresaque de patatas, o de peón de albañil para ganar algo”.
Por casualidad llega a la directiva de la residencia de Urueñas, que vivió desde el principio como una aventura. Pasó tres años formándose y viendo residencias hasta que abrió sus puertas, pequeña y familiar pero frágil económicamente, aunque ya va a cumplir diecinueve años.
La residencia de Sepúlveda se inauguró en 1990 con el impulso y determinación de don Eustaquio. Después de más de 25 años funcionando, tú asumes su dirección cuando se acomete una importante reforma.
Era una residencia para válidos, muy buena en su tiempo, pero las cosas y el tipo de residentes cambian, y desde la Junta de Castilla y León dijeron que no podía continuar como estaba. Cáritas Diocesanas y D. Jaime deciden la reforma y, durante ella, me proponen ser director y dejar la de Urueñas pues las hermanas que estaban en la de Sepúlveda no podían dirigirla. Les hablé de la posibilidad de compartir porque no quería dejar Urueñas. Aceptaron y hemos empezado la aventura de “la doble nacionalidad”. Hubo la suerte que hubo un fuerte donativo aquí que ayudó mucho y creo que ha quedado una residencia muy bonita, muy decente, se ampliaron las plazas a 32 y está en plena ocupación. Lo peor, especialmente para las trabajadoras, es que está en cuatro alturas.
¿Cuántos trabajadores hay y cuál es tu horario?
Actualmente, hay veinte trabajadores en distintos turnos y con diversos tipos de contratos (a tiempo completo o parcial) según categorías: cocina, limpieza, gerocultoras, enfermería, fisio, dirección… Mi horario normal presencial es lunes, miércoles, viernes 9 a 13 y martes y jueves a primera hora y por la tarde. Telefónicamente estoy veinticuatro horas siete días a la semana porque yo quiero, si hay que decidir algo, prefiero ser yo quien lo haga.
¿Tienes un equipo que te respalde o estás solo ante el peligro?
Somos un equipo técnico: director, enfermería, terapeuta ocupacional y la Junta de Cáritas que, aunque no está en el día a día, las decisiones importantes dependen de ella. Por supuesto, todos los trabajadores pues sin ellos no funciona nada. En Segovia somos tres residencias de Cáritas y cada mes y medio nos reunimos y tomamos decisiones juntos, siguiendo la línea de Cáritas.
Contáis con voluntarios, ¿qué papel juegan?
Son importantísimos, especialmente Carlos y Jaime en mantenimiento, la enfermera Manoli, que está haciendo una labor impresionante y Concha en el club de lectura. También contamos con personas que vienen a pasar el rato con los residentes o sacarlos a pasear. Todos los voluntarios pertenecen al voluntariado de Cáritas Diocesana y, por ende, al voluntariado de Cáritas Española, desde donde les cubre un seguro: estamos trabajando con personas y nos tenemos que cubrir todos.
Económicamente, ¿cómo se mantiene la residencia?
Para el día a día exclusivamente con las cuotas de los residentes y los donativos de personas de Sepúlveda y otros lugares, a quienes se lo agradezco infinitamente. Pero es bueno tener detrás una institución como Cáritas, a quien todavía debemos mucho dinero de la reforma. También se recibe alguna subvención desde organismos oficiales para llevar a cabo obras o acciones concretas.
Este trabajo, además de gestionar, supongo que tiene muchas implicaciones emocionales.
Tengo mucha relación con los residentes, con los trabajadores y con las familias. Nos afecta a nivel personal, porque es una residencia pequeña y la consideras tu familia, pero me gusta mucho mi trabajo, es bonito y gratificante, recibes más de lo que das. Es duro cuando fallecen o ves que no puedes hacer más. No sé si lo hacemos bien o mal, pero estamos al cuidado de la persona en todas sus dimensiones, y tenemos que procurar que estén a gusto en todas ellas, que se sientan como en casa y es una satisfacción ver que casi todas lo están, pero tenemos que ir mejorando poco a poco porque el mundo de los cuidados de larga duración está cambiando mucho. Además de a Cáritas, nosotros pertenecemos a Lares Castilla y León (yo estoy en su directiva), una Asociación de Residencias del Tercer Sector de principios cristianos. Por eso tenemos una forma concreta de trabajar que nos hace estar abiertos y caminar junto con muchas otras personas. La nueva línea de trabajo es la atención centrada en la persona, que implica un cambio grande en los cuidados. Esto, que parece fácil, no lo es porque supone un cambio de mentalidad, que solo se consigue con la formación, en todos los que trabajamos en este mundo.
Uno de los retos de esta comunidad es estar más integrada en la vida de Sepúlveda. Para ello han realizado diferentes actividades fuera: visita al Nacimiento, participación en un montaje audiovisual en el Museo de los Fueros o asistencia a un concierto en la iglesia de El Salvador. Este año han repartido mil estrellas en los buzones de los sepulvedanos con un emotivo mensaje navideño. “No queremos que la residencia sea algo distinto al pueblo. Es verdad que, al final, somos una empresa y hay que cumplir con la normativa y llevar a cabo unos idearios”. Promueven también que los visiten mediante labores de voluntariado, misa semanal, actividades con la guardería, talleres con el ayuntamiento, la Cabalgata, coros o grupos de baile. “Es verdad que Sepúlveda quiere mucho a la residencia, está en la vida del pueblo y piensan en ella cuando se hace una actividad. Económicamente, desde la reforma, veo la gran preocupación y participación de la gente, tiene mucho que ver con la parroquia que nos da mucha visibilidad. No puedo tener ninguna queja de Sepúlveda porque nos sentimos muy apoyados por todo el pueblo”.
Orgulloso de este edificio, nos muestra sus dependencias y sus posibles mejoras, su capilla, sus cuevas marca Sepúlveda y un proyecto de un jardín para el que le gustaría conseguir financiación. Finalmente, Vicente quiere aprovechar para destacar la importancia de Lares en la vida de la residencia y para dar las gracias a todos los trabajadores y a todas las personas que, de alguna manera, participan en ella y hacen que funcione y sea grande.
Estrella Martín Francisco
