Miércoles, 12 Agosto 2026

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«Volví al pueblo e impedí que cerrase el negocio»

La pastelería «La Peña» es un negocio familiar que ha pasado de padres a hijos. Ángel decidió dejar su carrera profesional por tomar el relevo y comenzar su proyecto.

Ángel Hernanz Lobo es el actual gerente de pastelería La Peña, situada en el municipio de Sepúlveda. A día de la provincia de Segovia. El año pasado comenzó su andadura dentro del negocio familiar, ya que al jubilarse sus padres tomó el relevo del establecimiento impidiendo que cerrase y la pérdida de un servicio para el pueblo por falta de sucesión.

Para relanzar el negocio que regentaban sus padres, Ángel se acogió al programa «RelevaCyL» de la Junta de Castilla y León, que le ha concedido una ayuda de 14.000 euros destinada a facilitar con éxito este relevo generacional.

«Mi padre era hijo del panadero del pueblo, abrió una tienda y poco a poco se fue dedicando a vender pan y a elaborar bollería tradicional y luego mi madre también se unió», explica Ángel sobre el origen de la pastelería La Peña. «Al tiempo agarré el ritmo a la cocina y estudié tres años en la Escuela de Pastelería de Madrid. Luego me fui a vivir durante 20 años al extranjero y ahora lo iban a cerrar. Volví con mi mujer e impedí que se cerrase el negocio, concreta el pastelero sobre su nuevo lugar de trabajo como nuevo titular del negocio familiar, en el que su mujer colabora atendiendo el mostrador.

El sepulvedano decidió dejar su carrera laboral de 14 años para evitar que se cerrara el negocio. «Las paredes de la pastelería han visto crecer a Ángel y han sido testigos de cómo acompañaba a su madre cuando tenía vacaciones, para estar un rato con ella, ya que echaba las mañanas allí».

Ahora, aquel niño que pasaba el rato junto a sus padres en la pastelería se ha convertido en el propietario del negocio desde el primer trimestre del año pasado. Los anteriores titulares avisaron a todo el pueblo que se cerraría en enero debido a su jubilación y, entre enero y marzo, Ángel ya se encontraba en el obrador con las manos manchadas de harina.

En estos momentos, Ángel se encarga de la fabricación y la producción, mientras que Sofía, su mujer, colabora en la atención del mostrador de cara a la clientela.

«Personalmente he visto cerrar muchísimos negocios a lo largo de los 20 años que he estado fuera, como grandes restaurantes, hostales, y muchos bares», enfatiza Ángel sobre la falta de relevo que ha habido en Sepúlveda.

Ante la cantidad de negocios que están bajando la persiana en el municipio, muchos vecinos han transmitido a Ángel su alegría al enterarse de que continuaba con el negocio familiar.

Además de garantizar la continuidad de un negocio familiar, el relevo ha permitido mantener dos puestos de trabajo en el municipio de 1.000 habitantes, adicionales a los de Ángel y Sofía. El pastelero añade que contar con empleados también le permite ofrecer un servicio más amplio a los vecinos.

«Nuestros horarios son bastante más amplios en comparación con el resto de comercios del pueblo, entonces hay un pequeño margen para dar más servicio. Si se cierra, ese servicio se acaba», subraya el gerente.

En la tienda, aparte de fabricar y vender bollería y pastelería tradicional, también ofrecen «un poquito de todo como leche o distintos tipos de fiambre». «Por si alguien necesita algo, lo tiene. Desde sal y azúcar hasta champán», concreta Ángel al referirse a la variedad de productos disponibles ante la falta de servicios en el pueblo.

El ultramarino del municipio tiene un horario limitado ya que el sábado por la tarde y domingo por la tarde cierra, «y a diario cierra a las ocho y media». En muchos casos la única opción es desplazarse a los municipios próximos para comprar, lo que supone una dificultad para las personas mayores. «Entonces si hay algo, aunque sea pequeñito que lo podamos tener, ofrecemos esa opción», explica Ángel.

Un conocido del gerente de la pastelería La Peña le informó sobre la ayuda «RelevaCyL Autoempleo» y, con la ayuda de su gestor, presentó la documentación para solicitar la subvención. Tras ser concedida, recibió esa ayuda económica destinada a sufragar los costes del traspaso del negocio con el objetivo de garantizar el mantenimiento de los puestos.

Ángel afirma que este tipo de subvenciones «sí que ayudan a mejorar o a tener un cierto margen» para que los establecimientos en los que sus titulares, por jubilación o por incapacidad, no puedan seguir manteniéndolos abiertos ni atendiendo a sus clientes. «Aunque sea para pagar los impuestos y no verte tan forzado, o no verte yendo a un banco para contarles que tienes un proyecto de un negocio y pedir un crédito, o pedir el crédito y si luego te lo conceden poderlo pagar tranquilo, yo creo que sí que ayuda», concreta Ángel.

Emprender, incluso cuando coges un negocio que ya está en funcionamiento, implica riesgos y una inversión económica importante. Por eso con esta subvención, la Junta de Castilla y León ha querido incentivar y ayudar a los autónomos que, como Ángel, apuestan por dar continuidad a un negocio.

«Yo creo que es una ayuda que mejora el negocio y la calidad de trabajo», reflexiona Ángel al considerar la subvención como «un colchón» en el momento de arrancar este nuevo etapa.

Entre los aspectos más gratificantes que le ha aportado a Ángel relevar a sus padres en la pastelería se encuentran la posibilidad de regresar al pueblo con su gente y proyectar el negocio con su propia visión. Las recetas de los diferentes productos que expone el mostrador son las mismas que utilizaban sus padres anteriormente, pero cada uno tiene sus formas y cada uno tiene su forma de trabajo.

«También es gratificante ver los resultados del día a día, que va saliendo todo como esperas, que los productos salen muy bien y que la gente lo agradece», comenta Ángel.

Desde el mostrador los clientes expresan qué productos son sus favoritos, comentan qué elaboraciones desean añadir a su lista de la compra o valoran el trabajo de Ángel en el obrador. «Está mejor que nunca, es una de las afirmaciones que se escuchan entre la clientela».

Estas valoraciones resultan «muy reconfortantes» ya que demuestran que la nueva etapa de la pastelería La Peña ha tenido buena acogida tras el relevo y que los clientes continúan confiando en el servicio.

Estela Sánchez