Viernes, 21 Agosto 2026

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Sepúlveda recupera sus seguidillas en un taller que reúne a medio centenar de participantes

La Casa Cuna acogió una jornada intensiva de jotas y seguidillas sepulvedanas dirigida por Estrella Martín y Montserrat Cristóbal. Tras recuperar los pasos conservados por antiguos bailadores de la villa, el objetivo es que el grupo de danzas Virgen de la Peña pueda interpretar las seguidillas después del pregón de las fiestas, el próximo jueves 27 de agosto.

La tradición volvió a marcar el paso en Sepúlveda. Aproximadamente medio centenar de personas participaron en la Casa Cuna en un taller intensivo dedicado a las jotas y, especialmente, a las seguidillas de la villa, un baile tradicional cuya recuperación busca mantener vivo y devolver a las calles uno de los elementos del patrimonio cultural sepulvedano.

Estrella y Montse fueron las encargadas de guiar a los participantes, algunos de los cuales se acercaban por primera vez a estos bailes, mientras que otros aprovecharon la jornada para perfeccionar sus conocimientos. El taller permitió trabajar los pasos básicos de la jota y profundizar en las particularidades de las seguidillas de Sepúlveda.

Antes de comenzar con el baile, Estrella realizó una introducción histórica para explicar el origen de las seguidillas y detenerse en las características e importancia que adquirieron en la villa. Según se explicó durante el taller, esta danza se interpretaba en momentos especiales de la vida sepulvedana y, en numerosas ocasiones, servía como homenaje a visitantes ilustres.

Las seguidillas cuentan con una larga tradición dentro de la cultura popular española. Sus antecedentes literarios se remontan varios siglos atrás y, como baile, vivieron un importante periodo de esplendor a partir del siglo XVI. Con el paso del tiempo fueron perdiendo protagonismo frente a la jota en numerosos lugares. En Sepúlveda, sin embargo, la tradición logró conservarse, a diferencia de lo sucedido en otros puntos de la provincia de Segovia.

Tres pasos recuperados de antiguos bailadores

Durante la parte práctica, los asistentes fueron aprendiendo progresivamente los tres pasos que componen este baile, desconocido hasta entonces para buena parte de los participantes. Los movimientos enseñados proceden del trabajo de recopilación realizado por Estrella a partir de personas que bailaron estas seguidillas durante la década de 1940.

Una vez practicados los pasos de manera individual y acompañados por la música, llegó el momento de unir lo aprendido y ejecutar el baile completo junto con la jota de rueda.

La experiencia dejó, según la información facilitada por la organización, una valoración muy positiva entre los asistentes. La mayoría expresó su agradecimiento y satisfacción por el taller, así como su deseo de que este tipo de iniciativas tengan continuidad.

El trabajo desarrollado en la Casa Cuna no terminó con la última pieza. Al finalizar la actividad se realizó la grabación de un vídeo destinado al grupo de danzas Virgen de la Peña, con la intención de facilitar el aprendizaje de la coreografía y que las seguidillas puedan volver a interpretarse públicamente después del pregón de las fiestas de Sepúlveda, previsto para el 27 de agosto.

Una partitura de 1949, el siguiente paso

La recuperación tiene todavía otro capítulo pendiente: devolver a la melodía su forma original. La referencia se encuentra en una partitura recogida en 1949 por Antonio Granero, durante unas misiones folklóricas realizadas en Sepúlveda por encargo del Instituto Español de Musicología de Barcelona.

Según la documentación aportada, aquella melodía fue anotada a partir de la información proporcionada por los dulzaineros Eusebio de Frutos e Isaac de Frutos, que entonces tenían 81 y 37 años, respectivamente. Ese testimonio musical constituye una pieza fundamental para reconstruir de la manera más fiel posible el acompañamiento de las antiguas seguidillas sepulvedanas.

La partitura ya se encuentra en manos de músicos de Sepúlveda, abriendo así la posibilidad de completar la recuperación de la danza no solo mediante los pasos transmitidos por quienes la bailaron en el siglo pasado, sino también a través de la música que la acompañaba.

El taller de la Casa Cuna se convierte así en un nuevo eslabón de una transmisión que conecta a varias generaciones: desde los dulzaineros que conservaron la melodía y quienes bailaron las seguidillas en las décadas pasadas hasta los vecinos que ahora aprenden sus pasos y las nuevas generaciones de danzantes que podrán devolverlas a las celebraciones de Sepúlveda.