Con apenas 30 vecinos censados, pero 270 socios, el municipio ha recuperado la actividad gracias a la unión vecinal y al empuje de sus jóvenes.
Hay pueblos cuyo tamaño no se corresponde con la vida que albergan. Duratón es uno de ellos. Apenas una treintena de personas reside de forma permanente en este núcleo, pero basta con acercarse cualquier fin de semana para comprobar que el número del padrón cuenta solo una parte de la historia. Las casas se abren, regresan familias, se reúnen amigos y la agenda de la Asociación de Vecinos de Duratón ‘San Isidro’ ofrece cada vez más motivos para volver.
La paradoja es evidente: mientras la despoblación continúa siendo una de las principales amenazas del medio rural, Duratón ha conseguido recuperar buena parte de la actividad social que en otros momentos parecía estar desapareciendo. Hay torneos deportivos, comidas populares, talleres, fiestas, encuentros y propuestas para distintas generaciones. En verano, especialmente durante agosto y la Semana Cultural, el pequeño núcleo llega incluso a reunir a cientos de personas. Detrás de este movimiento hay una historia que comenzó hace casi medio siglo.
El origen de la asociación se remonta a 1977, pocos años después de que Duratón dejara de ser municipio independiente y pasara a incorporarse a Sepúlveda. Aquel grupo de vecinos entendió que, ante el progresivo vaciamiento del pueblo, hacía falta crear un espacio común desde el que mantener la relación entre quienes vivían allí y quienes regresaban periódicamente.
Carlos Zarza, José Antonio Municio Pérez, Félix Esteban Municio, Dionisio Peña Gómez, Lorenzo Municio, Fernando Sacedo, Juan José de la Cita, José Antonio de Lucas y Miguel Municio fueron algunos de los nombres que participaron en aquellos primeros pasos. Pero, como explica Sonia Sacedo Zarza, vicepresidenta de la Asociación de Vecinos ‘San Isidro’, “el origen fue, sobre todo, colectivo. Y la filosofía de entonces continúa vigente: que los propios vecinos sean quienes cuiden de su pueblo”.
Lo que comenzó con pequeñas actividades y las tradicionales citas del verano se ha convertido con el paso de las décadas en una estructura vecinal que funciona durante todo el año. Actualmente son unos 270 socios mayores de edad, aunque la actividad de la asociación va mucho más allá de quienes figuran como socios. Una junta directiva coordina el trabajo, pero buena parte de las iniciativas salen adelante gracias a vecinos que aportan voluntariamente su tiempo, conocimientos, trabajo o materiales.
Esa colaboración es también una de las claves de su funcionamiento económico. Las cuotas de los socios y los ingresos del bar de la asociación permiten financiar buena parte de las actividades, mientras que numerosos talleres y propuestas se desarrollan de forma altruista.
UNA AGENDA QUE YA NO CABE EN EL VERANO
La transformación no se produjo de un día para otro. Fue, según Sacedo, “un proceso que se hizo especialmente visible cuando las actividades empezaron a recibir una respuesta cada vez mayor”.
La Semana Cultural de agosto se convirtió en uno de los grandes termómetros. Actualmente reúne más de cuarenta actividades dirigidas a públicos de distintas edades: teatro, talleres, competiciones, propuestas culturales y comidas de hermandad. Pero la programación ya no se concentra en las semanas de verano.
San Isidro, Santa Águeda, los Carnavales, la Matanza popular, el Encuentro de Jubilados, la fiesta del Cocido o Halloween forman parte de un calendario que prácticamente no se detiene.
El cambio es importante porque altera también la relación con el pueblo. Duratón deja de ser únicamente el lugar al que se vuelve durante las vacaciones y se convierte en un punto de encuentro durante todo el año.
“Cuando organizas una actividad y la gente responde, te pide otra o se ofrece a organizar la siguiente, es cuando te das cuenta de que algo está cambiando”, explica Sacedo. Y ese cambio no se limita a las fiestas.
TRABAJAR EN EQUIPO DEJA HUELLA
Algunos de los proyectos que más orgullo generan entre los vecinos no tienen que ver con una celebración, sino con espacios que han quedado incorporados a la vida cotidiana del pueblo.
La construcción de la pista de fútbol sala y de la pista de vóley playa fue fruto del trabajo colectivo. Abuelos, padres e hijos participaron en jornadas en las que cada uno aportó lo que podía. Algo parecido ocurrió con el proyecto solidario que permitió crear un nuevo espacio infantil, con la colaboración de la Asociación Arco de la Villa de Sepúlveda.
Son actuaciones que reflejan una idea que atraviesa toda la trayectoria de la asociación: en un pueblo pequeño, la colaboración vecinal puede convertirse en una herramienta para suplir carencias y, al mismo tiempo, reforzar los vínculos entre quienes lo habitan.
La asociación también ha servido para recuperar parte de la memoria colectiva. Tradiciones como San Isidro, la procesión desde la ermita hasta la iglesia, la enramada al Santo, las clases de jotas, la matanza o el sorteo del tradicional ‘Ramo de San Isidro’ siguen formando parte de la identidad local.
A ellas se han sumado celebraciones recuperadas, como Santa Águeda o la fiesta de los Jubilados. En muchos casos, la recuperación ha sido posible gracias a los recuerdos de los vecinos mayores, que han transmitido cómo se celebraban antiguamente, y hoy en el día de las personas de edad cobra aún si cabe más sentido. Así, la memoria de quienes llevan décadas vinculados a Duratón se convierte en patrimonio para las nuevas generaciones.
Y precisamente ahí aparece uno de los elementos que explican el actual momento de Duratón: los jóvenes. Su papel, según la vicepresidenta de la asociación, “ya no es el de participar simplemente en las actividades organizadas por otros. Son parte del motor que las genera”. De ellos han surgido torneos de voleibol, frontón y fútbol sala, gymkanas, talleres, fiestas y actividades nocturnas. También han participado en iniciativas más creativas, como el diseño del logotipo de las camisetas del pueblo.
La convivencia entre generaciones se ha convertido en una de las fortalezas de la asociación. “Los mayores aportan experiencia, memoria y conocimiento de las tradiciones; los jóvenes, nuevas ideas, capacidad logística y herramientas tecnológicas. No se trata, por tanto, de sustituir una generación por otra, sino de que ambas trabajen juntas”, añade.
Para un pueblo que ha pasado de unos 58 habitantes a comienzos de siglo a alrededor de 29 en la actualidad, la cuestión tiene una importancia que va mucho más allá de organizar actividades. Que un joven regrese un fin de semana, organice un torneo, lleve a sus amigos o luzca con orgullo la camiseta de Duratón significa que mantiene un vínculo con el lugar. Y mantener ese vínculo es el primer paso para que, algún día, algunos puedan plantearse volver a vivir allí.
MUCHA VIDA, PERO TAMBIÉN MUCHOS PROBLEMAS
El dinamismo social no ha resuelto, sin embargo, las dificultades estructurales del pueblo. La despoblación continúa siendo una amenaza. También la dependencia del coche, la falta de comercio y servicios de proximidad, las dificultades de acceso a determinados servicios sanitarios, el mantenimiento de calles y carreteras, el alumbrado o la conectividad.
Entre las principales reivindicaciones de los vecinos figura la renovación de las antiguas tuberías de fibrocemento y la mejora del abastecimiento de agua. También reclaman mejoras en la limpieza viaria, el asfaltado y mantenimiento de las calles, el alumbrado público y las comunicaciones.
La condición de pedanía de Sepúlveda es, además, uno de los asuntos que la asociación señala como dificultad a la hora de conseguir inversiones y mejoras. La reivindicación no se plantea, explican, como un enfrentamiento con otros núcleos, sino como una petición de mayor atención y comunicación con las administraciones. Porque la actividad vecinal puede crear comunidad, recuperar tradiciones y poner en marcha proyectos, pero hay cuestiones que requieren inversiones y servicios públicos.
UN PATRIMONIO POR APROVECHAR
Duratón cuenta, además, con un patrimonio que sus vecinos consideran una oportunidad de futuro. La iglesia románica de Nuestra Señora de la Asunción, el entorno del río y, especialmente, el yacimiento de Confloenta forman parte de una riqueza histórica que podría tener una mayor repercusión sobre la localidad.
Desde la asociación reclaman una mayor puesta en valor de las Termas de Confloenta y una gestión que permita que ese patrimonio genere también actividad cultural, turística y económica para el pueblo.
La idea conecta con otra de las necesidades señaladas por los vecinos: crear las condiciones para que vivir en Duratón durante todo el año sea una posibilidad real. Vivienda disponible y accesible, servicios básicos, buenas comunicaciones, conectividad y oportunidades laborales —incluido el teletrabajo— aparecen como elementos fundamentales para atraer y fijar población.
Porque el problema no es únicamente que existan casas vacías. Algunas podrían recuperarse, pero permanecen cerradas y fuera del mercado de alquiler o venta. Al mismo tiempo, varias viviendas sí se han vendido en los últimos años, una señal de que existe interés por instalarse en el pueblo.
EL PRÓXIMO OBJETIVO: 50 AÑOS
Mientras afronta esos retos, la asociación de vecinos ya mira hacia 2027. Será entonces cuando se cumplan 50 años desde que aquel grupo de vecinos comenzó a trabajar para construir dicha asociación. La intención es que el aniversario sirva para celebrar, pero también para recuperar fotografías, documentos y recuerdos de estas cinco décadas.
Aunque los sueños van más allá de la conmemoración. Si los recursos no fueran un problema, los vecinos plantean tres grandes proyectos. El primero sería reformar integralmente el local de la asociación para hacerlo más accesible a las personas mayores y con movilidad reducida. El segundo, crear un pequeño espacio cultural dedicado al pasado romano y visigodo de la zona y conectado con la historia de Confloenta y su necrópolis. El tercero, continuar ampliando la zona deportiva de Las Eras, convertida ya en uno de los principales lugares de encuentro de los jóvenes. Son proyectos diferentes, pero responden a una misma idea: que el pueblo tenga espacios para todas las generaciones.
UN PUEBLO PEQUEÑO CON FUTURO
Duratón no pretende dejar de ser un pueblo pequeño. Su objetivo es que esa condición no sea sinónimo de un pueblo vacío. La imagen que sus vecinos tienen para dentro de diez años es sencilla: niños jugando, jóvenes implicados, casas abiertas, vecinos durante todo el año y servicios básicos garantizados. Y, en el centro, una asociación que siga siendo lugar de encuentro.
La cifra del padrón seguirá siendo importante. Pero en Duratón han aprendido que no es la única forma de medir la vida de un pueblo. Una treintena de habitantes censados puede parecer poco. Pero si los fines de semana se multiplica la población, si en agosto las calles llegan a llenarse de cientos de personas, si los jóvenes regresan, si los mayores transmiten sus tradiciones y si los vecinos siguen poniendo tiempo y esfuerzo para construir espacios comunes, la estampa es otra.
Casi medio siglo después de su nacimiento, la asociación mantiene el mismo propósito con el que comenzó: que Duratón siga siendo un lugar de encuentro. Ahora, con una generación joven tomando el relevo, el reto es conseguir que ese encuentro no sea solo un recuerdo del pasado, sino también una forma de construir el futuro.
Sara Suarez Velasco
